En cada bautismo se revela una operación celestial
que no solo afecta al individuo, sino que lo reposiciona
en el orden espiritual. El creyente es trasladado de un
estado de muerte a una esfera de vida, de esclavitud a
libertad, de aislamiento a pertenencia. Esta transición
no es meramente doctrinal, sino vivencial: el alma es
marcada, el espíritu es vivificado, y el cuerpo se
convierte en instrumento de justicia.
que no solo afecta al individuo, sino que lo reposiciona
en el orden espiritual. El creyente es trasladado de un
estado de muerte a una esfera de vida, de esclavitud a
libertad, de aislamiento a pertenencia. Esta transición
no es meramente doctrinal, sino vivencial: el alma es
marcada, el espíritu es vivificado, y el cuerpo se
convierte en instrumento de justicia.

